Umbral del Cambio

El arma más poderosa: El miedo

Los gobiernos han descubierto cual es el arma más poderosa para poder someter al pueblo: no es la represión, ni la guerra, ni por la fuerza. Estos eran elementos de otros tiempos, era lo que se llamaba el arte de la guerra.

El día de hoy no hace falta que los gobernantes lleguen a esos extremos, quizás decimos que somos civilizados como forma de controlar y someter al pueblo.

Se ha descubierto que para someter a las masas no hace falta aplicar la fuerza y esclavizarlo. Cuando se ataca a alguien, se corre el riesgo que responda con violencia. El cerebro está diseñado para atacar o para huir, busca siempre la supervivencia.

Los gobernantes no quieren violentar a la población. Temen la revolución y que el pueblo se vuelva contra ellos. Evitan castigar y evadir posibles revueltas. Es mejor amenazar que castigar. Por ello el arma más poderosa que tiene un gobernante es el “miedo”

El miedo es transmitido como una amenaza, las personas obedecerán como si les hubieran atacado o torturado. El cerebro reprime y acepta la amenaza.

El miedo mueve a los hombres a obedecer.El sistema se mantiene vivo gracias al miedo infundado. El miedo está presente en los medios, miedo a la devaluación de la moneda, miedo al contagio de enfermedades virales, miedo al alza de los productos básicos de la canasta familiar, miedo a la guerra, miedo a no tener salud, miedo a que nos invadan los extraterrestres, miedo al miedo.

Si el gobernante de turno infunde miedo la población, esta acepta las políticas económicas, bélicas, políticas sociales. Rousseau decía que la política era el arte de gobernar. Hoy la política el arte de gobernar e infundir miedo para someter al pueblo para que obedezcan.

Cuando un político utiliza el miedo en su discurso, no pretende alertar o avisar a la población, sino conseguir sus objetivos.

Donald Trump pretende infundir miedo a los votantes, con la construcción del muro en la frontera Mexicana diciendo a sus coterráneos que sino lo hacen, Estados Unidos se llenaría de delincuentes, vagos y narcotraficantes y los Estadounidenses no quieren tener vagos, delincuentes ni narcotraficantes, estos dan miedo. Latinoamérica reaccionó con miedo, los americanos fueron a las urnas con el fin de eliminar el miedo, no quieren ver delincuente y narcotraficante en sus ciudades.

A Trump no le preocupan esas cosas, solo debe cumplir su objetivo de llegar al gobierno y ese es una buena disculpa. Si le dice a la gente que, de no ser elegido será un fracaso para el país y un desastre para la sociedad, entonces la población no lo dudará: votará por El y así fue.

Cuando un gobernante toma decisiones equivocadas basadas en el miedo infundado, no importa si tiene que retractarse, pero no será problema, durante su mandato podrá decir: “Más vale pedir perdón que permiso.” Es uno de los refranes que define a la política del miedo.

Cuando se usa el miedo en la política puede usarse para que ocurran cosas o para evitar también que estas ocurran. Si un presidente utilizó el miedo para convencer a la gente de que votara por algo, con el miedo se puede conseguir que la gente ni siquiera llegue a votar.

Lo que sucedió en Colombia con la votación del plebiscito en el proceso por la paz. El presidente debía infundir miedo al pueblo diciendo que si no votaban por el SI, no habría paz, no se podía devolver a los campesinos la tierra, la democracia sería reducida y menos confiable, los victimarios no reconocerían a las víctimas. El voto por el ‘Sí’ en el plebiscito va a cambiar nuestras vidas. Tendremos un país en paz, un país con mejores oportunidades, un país más próspero. Mucho lo creyeron. Esto generaba un terrible miedo, una pesadilla si se votaba por el NO.

Para acentuar el miedo, se les recordaba a los Colombianos los más de 50 años de guerra, las muertes de miles de personas, el desgaste de los gobernantes por lidiar con los alzados en armas y los billones de pesos que se gastaban; mejor invertirlos en la salud, en obras sociales, en educación. Claro, una mentira apacigua el miedo.

El 49,77% de los votantes se conmovió ante este discurso que su presidente, con esmero emocional, trataba de convencerlos con el fin de conseguir sus objetivos.

De otra parte los partidarios del “NO” ganaron por un margen mínimo. Lo que quiere decir, que el país estaba dividido en sus apreciaciones ante el miedo. Sin embargo, las dos partes votaron por factor miedo.

La campaña del NO se movió en las profundidades de la psicología colectiva, el inconsciente colectivo fue movido por los líderes de la oposición que buscaban un lugar en su política de cambio, se dedicaron a convencer a los indecisos de que los acuerdos de paz estaban en contravía de los valores considerados esenciales para los colombianos. El miedo a que las Farc llegaran al gobierno con sus ideologías de izquierda y el país sufriera una crisis como el vecino país Venezuela. El miedo a que los valores de la familia fueran vulnerados moviendo a comunidades religiosas a promover el NO con oración y ruego entres sus miembros.

La revista semana en la portada de su portal del 10-03-2016 decía: “La campaña del NO se apoyó con éxito en el recurso de convencer a los votantes de que en los acuerdos de paz había un temible demonio escondido”. Esta frase impactó en la iglesia a enfrentar al demonio y movilizó masas de creyentes a las urnas, por qué, por el MIEDO a ser devorados por ese demonio.

Continuaba diciendo la revista: “El Uribismo y los defensores del NO también se apoyaron en la línea del miedo: Óscar Iván Zuluaga, director del Centro Democrático, afirmó días antes que la refrendación de los acuerdos implicaría nuevos impuestos para los colombianos; (puro y físico miedo) Uribe insistió en que lo discutido en La Habana atentaba contra la propiedad privada y la dignidad de las Fuerzas Militares; José Obdulio Gaviria insistió en que si se refrendaba el acuerdo el terrorismo llegaría al poder y en varias ciudades del país aparecieron vallas que simulaban una candidatura presidencial de Timochenko. Todos esos temores expresados mediáticamente se trasladaron a las redes sociales, en donde también cumplieron el objetivo de conquistar a muchos que prefirieron votar NO por pánico (miedo) a que ganara el Sí”.

Casi siempre, el miedo va acompañado de mentiras. En la política mundial. “Es necesario atacar Iraq, porque sus armas de destrucción masiva son muy peligrosas y dan mucho miedo”. ¡Qué miedo nos dan esas armas! Entonces toda la población apoya la intervención militar, que vela por nuestra seguridad (no por la de los iraquíes, pobres y desgraciados). La sociedad apoya que se bombardeen ciudades y se asesinen a personas, porque en el fondo la intención es buena: acabar con las armas de destrucción masiva.

Si finalmente resulta que, no había armas de destrucción masiva, no pasa nada. El político sale al estrado, ante su pueblo, y dice solemnemente: “Más vale prevenir que curar”. Y pide perdón. Y puede que no sea reelegido, pero sus amigos de la industria armamentística le felicitan al abandonar la Casa Blanca y un sinfín de empresas le abren sus puertas para que ocupe un alto cargo.

El occidental es vulnerable a la práctica de la política del miedo, así es Occidente. Es desde Europa y Estados Unidos desde donde se lanzan los mensajes que más miedo dan. Afortunadamente para nosotros, Estados Unidos ya se ha encargado de intervenir en algunos de ellos, y tiene sus misiles apuntando hacia casi todos los demás. Es un alivio, ya que Irán nos da mucho miedo. “Esas centrales nucleares dan mucho miedo” “Las armas químicas dan miedo” se dice cuando se habla de ese país que ha sido atacado por casi todos sus vecinos y no ha atacado a nadie. En cambio el otro país pequeñito que rodea la peligrosa y aterradora Franja de Gaza no nos da miedo. Ese país es bueno, y moderno, y hasta juega en las competiciones deportivas de Europa. Es cierto que es el único país de la región de Oriente Medio que tiene armas nucleares, pero da igual. No nos da miedo. Porque es uno de los nuestros.

Te suena eso de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” Lo debió decir un tal Goebbels, pero a los modernos y desarrollados ciudadanos se nos ha olvidado. Estamos tranquilos, porque día tras día nos cuentan cientos de verdades por la televisión. Eso nos tranquiliza. Saber que los malos están fuera de nuestras fronteras nos tranquiliza. Que quiten a ese terrible dictador libio. ¿Ese con el que se daban la mano el otro día? Es un monstruo. ¿Y al de Siria? A ese también. Está con los rusos.

Basta con preguntar en la calle qué opinan los ciudadanos de los líderes de la peligrosa Periferia. ¿Quién es Maduro? _ Un dictador. Responden! A los venezolanos les da miedo su presidente! A los Colombianos les da miedo su presidente porque dicen que les entregó al país a las Farcs y este grupo da terror y miedo y nos da mucho miedo que vayan a gobernar.

Los casos más evidentes del uso de la política del miedo se dan con la guerra. A nadie le gusta la guerra. La gente no apoya las guerras… salvo cuando ven su seguridad amenazada. Volvemos a las amenazas. ¿Quién amenaza tu seguridad? Los malos. ¿Un ejemplo de malo? Pues… los terroristas. A nadie le gusta estar amenazados o inseguros. A nadie le gustan los terroristas. Cuando está amenazado el cerebro huye o ataca es biológico.

Entonces los que están allá arriba, moviendo los hilos, piensan: “¡Necesitamos terroristas por todos lados!” “¡Necesitamos por todos lados!”Y así comienza la expansión del miedo. Sale un hombre con corbata por la televisión y en tono muy serio dice: “Nuestra seguridad nacional está amenazada por el terrorismo islámico”. Esa frase basta para que la población aplauda cada bombazo, cada disparo y cada detención a todo lo que suene a “islámico”. Así se ha creado un enemigo.

Cuando existe un enemigo, la función de los gobernantes se justifica porque tienen que proteger a los ciudadanos. El pueblo se une al gobierno y todos juntos cantan al unísono: “¡Guerra contra el terrorismo!”. Esto fue lo que pasó en el caso Uribe. En ese entonces el significado de la campaña Uribe, el vengador. Todo el pueblo salió a las urnas a votar por el vengador, por el protector, por la seguridad. Nos dolía más cuando una patrulla de militares era emboscada, pero el dolor no existía cuando se atacaba un campamento guerrillero, ellos son malos y debemos apoyar a los buenos. En ambos casos eran personas, pero los de un lado eran los que infundían miedo con las armas, la opresión; la muerte, los secuestros.

Y que decir de las reformas pensionales, los recortes de la salud, la subida de impuestos, el escaso salario mínimo… la sociedad acaba aceptando todo. Una sociedad con miedo. ¿Cómo protestar ante estas políticas? Da mucho miedo quejarse, porque podemos perder el puesto de trabajo. Otro nos reemplazará y trabajará por menos dinero. Da mucho miedo, incluso intentar votar por otro partido, porque la tradición manda y estos ya saben lo que es tener el poder.

Es el miedo el que nos impide reaccionar. No lo decimos, pero en el fondo lo sabemos. Los de arriba han encontrado el arma perfecta. Los de abajo no podemos evitarlo. Nos da mucho miedo. Somos hipócritas porque no queremos estos gobernantes, pero ahí les tenemos, votamos siempre por ellos. Votamos una y otra vez por los mismos, protestamos porque roban, llenamos las redes sociales de memes por ser ladrones, decimos chistes de ellos, nos reímos, pero volvemos a las urnas y votamos. Uno detrás de otro. Siempre los mismos.

Tenemos miedo al cambio. No nos gusta la guerra pero ahí estamos en guerra, por miedo a ese enemigo invisible. Los políticos aprovechan ese miedo del pueblo para hacerse reelegir. El vengador infunde seguridad y protección.

No nos gusta lo que hace ese banco pero ahí tenemos el dinero, nos da miedo tenerlo debajo del colchón por que entran los ladrones y se lo roban. Tampoco nos gusta este sistema en el que vivimos, desigual, injusto, pero tenemos miedo de cambiarlo.

“Dios verá como hace sus cosas”. Eso es lo que repetimos todos cuando no queremos hacer cambios. Prefiero seguir en el sofá, tirado y comiendo palomitas de maíz, mirando ese programa tan gracioso de la televisión, el partido de futbol, me distrae me entretiene y esto apacigua los miedos, mientras tengamos comida en la nevera y una televisión, nada nos hará levantarnos del sofá y nada pasará.

Tendremos televisión, comida, y miedo. Mucho miedo para movernos.

El miedo en todas sus formas es el mayor obstáculo en nuestra vida, debemos afrontar los miedos con decisión, arrojo y coraje. Más que huir debemos enfrentarlos y ponerlos de nuestro lado. Los miedos obstaculizan los sueños pero también pueden ser aliados para lograr lo que deseamos. No siempre hay que satanizarlos. Uno de los trucos para vencer el miedo es:

• Existir AQUÍ Y AHORA.

• Lanzarte a hacer las cosas

• Decir: Que es lo peor que me puede pasar.

• Hazte amigo del miedo y ve con el siempre y él no te dañará

Los miedos nunca dejarán de existir, siempre van con nosotros a todas partes, los miedos nos empujan a hacer lo que jamás habíamos hecho, los miedos no sacan del sillón, de la vida de confort. Lo malo es que algunos si saben cómo funciona el miedo y lo utilizan a su favor. Bienvenidos al mundo del miedo.

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