Umbral del Cambio

Los estados emocionales de un rey. Parte II

El reino floreciente de David comenzó a debilitarse y fue mucho antes de su desliz con Betsabè, sin embargo; el rey, el macho seductor y conquistador de Israel su fama de galán se había extendido por los confines de la tierra, culturalmente este comportamiento era permitido en Israel, tener muchas mujeres, incluso en los tratos comerciales con otros reinos era común que se ofreciera una mujer al cierre del trato, sin embargo tener muchas mujeres transgredía los mandamientos de la Ley divina.

Además de su terrible carácter moral, el pecado de David con Betsabé tenía un componente político importante, puesto que era la traición del rey a dos de sus mejores hombres: Urías, oficial de la guardia real y Ahitofel, consejero de David y abuelo de Betsabé.

El rey había permanecido en una situación de debilidad ante el jefe del ejército, por lo cual no había podido ejercer justicia por la muerte de Abner; David maldijo a Joab por haber cometido muchos errores y le encomendó una misión que provocaría el inicio de su enfermedad y la caída del reino, matar a Urias para quedarse con su esposa. Al dar órdenes a Joab para que Urías fuera muerto, David perdía su autoridad moral y se convertía, a sus ojos, como él.

El rey estaba casado con Abigail, una mujer inteligente y muy hermosa. Esta mujer era separada, su antiguo esposo, Nabal era conocido como un hombre rudo, tosco, grosero que trataba mal a las mujeres y con Abigail no era la excepción, sin embargo. Aquí comienzan los problemas de David.

El acontecimiento de adulterio con Betsabè tuvo consecuencias políticas, familiares y personales por la muerte del esposo de Betsabè quien era el oficial de la guardia real y mano derecha de David en cuanto a su seguridad se refiere.

La autoridad moral de David estaba por el suelo. El poder y el dinero indujeron a al Rey en la “proliferación” de sus mujeres, había tenido graves consecuencias en el ámbito político, familiar y emocional. David tenía gran número de hijos con sus muchas mujeres, con los cuales, es de imaginar, no mantenía relaciones normales entre padres e hijos, especialmente agravado por el hecho de que era el rey. Sus hijos, pues, tampoco tuvieron verdaderas relaciones fraternas. Todos eran hijos del rey, pero cada uno era hijo de su propia madre, y cada madre provenía de ambientes diferentes, dicho esto por Jorge Ruiz Ortiz, artículo publicado en Nueva Reforma, nº 76 (enero-marzo 2007), pp. 29-31.

Amnón, el primogénito del rey y el heredero legítimo de la corona, era hijo de una israelita de Jezzreel de origen humilde, mientras que Tamar y Absalón eran hijos de una princesa pagana, la hija del rey de Gesur. Demasiada disparidad, cuyo único vínculo no era más que la figura del rey-padre.

Esto fue, por tanto, un campo abonado para que se desarrollara la distancia y la rivalidad entre ellos, incluso la atracción física, como ocurrió entre Amnón y Tamar. Es también significativo que se diga que el rey no habría negado el matrimonio entre los dos hermanastros.

Con la intolerancia de Amnón, la figura y la autoridad del padre-rey se quiebran, y la familia acaba por romperse del todo.

Los errores de los padres se reproducen en los hijos, pero también se agravan. Se hace más sórdido el panorama. Es el caso de Amnón, el vivo retrato de la lascivia de su padre. Es de resaltar el paralelo entre el hecho de que el rey David hiciera llamar a Betsabé y tener relaciones sexuales con ella y lo que posteriormente haría Amnón con su hermana.

David no castigó el incesto de su hijo como ciertamente era su deber como rey, sobre todo cuando éste se convirtió en un escándalo de dominio público. Deja que sus sentimientos minen la moral pública de la población. Permitiendo en crimen sin el justo castigo, el rey comete también una segunda injusticia al honor ultrajado de su hija Tamar. Al hacerlo, el rey David produce una ruptura definitiva en el seno de su propia familia, que repercutirá finalmente en una brecha en su reino. Como no puede ser de otra manera, puesto que, en la monarquía, la unidad del pueblo se halla encarnada en la unidad y prosperidad de una sola familia.

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